
El amor entre el Maestro y el discípulo es la relación más valiosa, exclusiva, intrincada y plenamente satisfactoria que existe en toda la realidad. No hay nada comparable en este mundo, porque es una experiencia consciente sobrenatural del Dulce Absoluto en un corazón vivo, en el plano central de la conciencia de la existencia pura.
El discípulo o seguidor activo tiene fe absoluta acerca de dónde le llevará el guru, el profeta, el mesías, el santo o la encarnación. El nunca ha tenido experiencia directa de Dios; no conoce ni comprende quién o qué es Dios, ni sus potencias, pero ofrenda su vida completa y confiadamente a los pies de su Maestro, para hacer un viaje a lo desconocido, a lo inesperado, a lo incomprensible, a lo inconcebible. Para ese discípulo progresivo, la travesía y la meta son exactamente lo mismo.
El Maestro desentraña los misterios del universo para el beneficio de sus discípulos y ellos se maravillan ante todas las cosas que perciben por doquier, desde los cielos hasta la tierra, a cada paso de la vida. Se maravillan como niños que han visto el mundo por primera vez, o se preguntan quién fue primero en vislumbrarlo.
Cada momento está lleno de visiones y percepciones sorprendentes, porque el exceso de conocimiento y filosofía no contaminan el espacio puro que hay dentro de él y que está reservado exclusivamente para el amor a Dios. (La Canción de Su Vida)